miércoles, 14 de mayo de 2008

11.- Siempre queda alguién atrás.....

Hoy he dejado un lugar de encuentro por la red de gente de todo tipo y condición. Una amiga, me invitó hace apenas 4 meses a formar parte de tal grupo y acepté.

Acepté por que siempre me ha gustado la creatividad. Apenas se escribir pero creo que la formación musical que adquirí en mi juventud siempre me hizo ver al ser creativo, como un distinto tipo de ser.

Leí a unos y a otras, y parecía apreciarse cierta camaradería, cierta unión y “buen rollito” en el grupo, entre integrantes del grupo.

Días después, y también por mediación de esta amiga ( que por miles de besos que se repartan por su cuerpo, jamás se hará justicia a su calidad humana ), descubrí en ese lugar de encuentro cibernético entre personas un espacio para el intercambio de opiniones, para el entrenamiento del argumento como camino para el enriquecimiento humano.

Bueno, eso era lo que podría parecer, pero nada más lejano a la realidad. El argumento, a mi modesto entender, ha de ser soportado por la veracidad y tiene que tener una enorme carga de flexibilidad para conectarse con otro argumento. El argumento, como arma dialéctica de primer orden, ha de estar dirigido por un hilo que lo sustente y tiene que tender ha hacer reflexionar al que lo lee, hasta el punto de que le sugiera réplica o le sugiera conformidad.

Cuando el argumento se basa en la descalificación personal del que replica con otro argumento, cuando el hilo argumental se sustenta en el insulto, en el desprecio, incluso en el rencor, deja de ser argumento para convertirse en “tiranía fascistoide.”

En ese espacio de opinión, la mayoría parece gente cabal, gente con principios, con un exquisito respeto a los demás. Pero pasa lo que pasa siempre. Los menos, no lo son.

Si por delante de tu puerta, pasa una manifestación silenciosa de diez mil personas, puede darse el caso de que ni te enteres de ello. Sin embargo, estoy seguro de que si dos manzanas más allá de tu casa, pasan veinte personas quemando contenedores, rompiendo lunas de comercios y volcando coches, casi seguro de que te enteras.

En ese espacio del que hablo, y que he dejado hoy quizá sean más de diez mil los que se manifiestan en silencio y menos de veinte los que “queman escaparates”.

Así funciona la vida, las minorías si se hacen notar y las mayorías son transigentes, se llegan a invertir los papeles y llega a parecer que los minoritarios son miles y los mayoritarios no existen.

He dejado ese espacio cibernético, por que ha sido mi forma de decir NO. Mi forma de decir NO a tragar con todo, mi forma de decir NO a que otro desde el rencor me quiera definir como no soy, mi forma de decir NO a que desde el insulto se me trate de arrinconar socialmente, mi forma de decir NO a que desde la poltrona se me quiera hacer sentir un ser retrógrado, mi forma de decir NO a que desde la más absolutas de las equidistancias se juzgue a víctimas y verdugos por igual, mi forma de decir No a que se pretenda que el adoctrinamiento político se anteponga a la libertad de los seres humanos, mi forma de decir NO a que al diferente se le trate de llevar a los leones, mi forma de decir NO a que la libertad de expresión se enmascare y tras esa máscara se pueda arremeter contra símbolos, personas e instituciones que para otros gozan del mayor de los respetos, mi forma de decir NO a la mediocridad del ser humano que a veces se ampara en el “esnobismo progreta” más infame, mi forma de decir NO a la arrogancia del que mira por encima del hombro , mi forma de decir NO al fascista que acusa al rival de serlo siempre que su argumento no existe o siempre que se le desenmascara de un embuste.

He dejado ese espacio cibernético, diciendo SI en mis adentros, a muchos hombres y mujeres de valía, muchas Hulnas y muchos Sirocos ( condensaré en estos 2, una mujer y un hombre el respeto y admiración que les tengo a esos más de diez mil de la mayoría silenciosa ).

Yo siempre he creído, que un hombre es más hombre cuantas más veces dice NO a depende que ofertas.

En mi ha podido el NO, por que creo que me hace más hombre. Pensemos en la alternativa del SI.

Si yo me hubiera quedado en ese espacio cibernético de intercambio de opiniones, en algún momento después de cientos de veces de que se me tildase de “facha” de “franquista” o similar, o de que a personas que considero importantísimas y gozan de mi respeto y en depende que casos incluso devoción se las tilde de “retrasados” de “genocidas” y lindezas de ese tipo, u otras posibilidades que también han sucedido, tarde o temprano hubiera dicho algo similar a esto :

“Pues yo me cago en toda tu puta madre, hijo/a de una puta y cuarenta verdugos”

SI eso hubiera ocurrido, mi concepto de mi mismo estaría tan en el fango que creo que el haber dicho NO, me reconforta sobremanera. Así evito el riesgo de darme pena de mi mismo con una reacción de ese tipo.

Que nadie pudiera pensar que insultar es difícil, que va, es de las cosas más fáciles que conozco, pero de las que más degrada al que insulta. Sobre todo en el caso, como el que nos ocupa, en que ni insultador ni insultado se conocen en la mayoría de los casos.

En fin, soy un ser egoísta lo reconozco y antes de lamentare de mi mismo por decir SI, prefiero la tranquilidad manifiesta que da un NO, a depende que ofertas.


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